Hoy en el CICESE estamos en una coyuntura, o mejor dicho, en un lugar incómodo, el recorte presupuestal del 11% afecta principalmente a la investigación y a los incentivos, a menos que los partidos políticos se porten muy mal y nos beneficiemos de sus multas. Es claro que este recorte no tiene una justificación científica o administrativa. Me abstengo de especular sobre las razones de este recorte desgarrador a nuestras labores, pero todo indica que los gobernantes no creen en la independecia científica y tecnológica del país.
Se acerca otra reunión de la comisión externa dictaminadora del CICESE. Antes de la reunión habrá oportunidad de expresarse, una vez más, ante sus miembros y, al final del día, estos tendrán una calificación y una serie de recomendaciones para el CICESE.
Este es un ejercicio común al CICESE y otras instituciones académicas ¿Vale la pena el ejercicio? ¿Qué beneficios obtenemos?
Los evaluadores nos han visitado y escuchado varias veces. No cabe duda de que los problemas de financiamiento de la institución persisten y no parece que vayan a desaparecer ni pronto ni de forma mágica. Aún así, debemos preguntarnos qué hemos hecho nosotros, investigadores, para resolver este gran problema. Ni parece que nos esforzamos realmente en hacer más eficiente la administración (independientemente de las siempre crecientes demandas de auditoría de SHCP y CONACYT), ni parece que estemos buscando recursos mas allá de los que ofrece el mismo CONACYT (no me cabe duda que los recursos más caros de adminstrar son estos). Si estamos trayendo más recursos, debemos cacarearlo, pues necesitamos demostrar que nuestro trabajo es reconocido no sólo en publicaciones, sino también en interés porque se desarrolle la investigación que proponemos.
Tal vez la Comisión volverá a oir las mismas quejas que caerán en oídos sordos. Valdría la pena mencionar algunos de nuestros logros y también recomendemos a la comisión qué decir para mejorar la labor científica en el CICESE.
Somos una institución lo suficientemente madura como para no culpar siempre y de todo a nuestros demonios tradicionales; buena parte de la solución debe de salir de nuestras ideas y acciones. Ha llegado el momento de que planteemos seriamente logros y metas no de acuerdo a los indicadores del CONACYT, sino de acuerdo a nuestras capacidades presentes y futuras, a nuestra curiosidad y a los problemas que podemos resolver.