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Número 115
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del CICESE

Cómo pasar de los números a la ecología, y de regreso...
SEMBLANZA
Magdalena Chávez Solís
Congruencia entre el ser y el hacer
 

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[MAS]

Por Ulises Cruz
El adjetivo le queda perfecto: incansable. No hacía falta que ella misma se definiera así para darnos cuenta de que esa es una de sus principales cualidades. Desde luego que no es la única. Y quizá tampoco la más importante; basta platicar un poco con Magdalena Chávez Solís, conocida por todos como Magda, para darnos cuenta de que es una persona que durante buena parte de su vida se ha trazado metas y las ha conseguido; una persona que le gusta y sabe trabajar; participativa, alegre, que desafía los retos, involucrada en mejorar su nivel de vida y su entorno laboral y social; alguien a quien le gusta hacer deporte, leer, estudiar y bailar (no necesariamente en ese orden).

La conocí casualmente a mediados de los años ochenta, cuando ella trabajaba con un distribuidor de equipos electrónicos, al lado del negocio de mis suegros. En esa época, ninguno de los dos pensábamos en que íbamos a ser compañeros de trabajo aquí en el CICESE. Años después, la volví a ver cuando entró a Ecología, y después cuando coincidimos un par de veces en algunas brechas y caminos polvorientos, andando en bicicleta de montaña, pues Magda y su hija Marión son adeptas a este deporte, aunque últimamente se han alejado un tanto de él.

No fue fácil convencerla de que aceptara esta entrevista. Su primera respuesta fue un “no” casi rotundo. Ya después me explicó sus motivos: no era tanto ese resquemorcito que nos da casi a todos cuando hablamos de nosotros mismos; tampoco el hecho de que tiene apenas un par de meses trabajando en el área administrativa y, como ella misma dice, apenas se está “acomodando” en Contabilidad; menos aún por ser una persona introvertida o vergonzosa. El asunto, como en casi toda actividad humana, y más quizá en lo laboral, es que no todo en estos años han sido solamente buenas experiencias. Pero precisamente ahí radica lo positivo de este tipo de entrevistas, pues nos permiten conocer diferentes puntos de vista sobre una misma institución; compartir experiencias y crecer.

Magda es una mujer alta, vestida de negro y con tacones, como llegó a mi oficina, lo parece aún más. Por eso, cuando me dijo que nació en Oaxaca, pensé lo mismo que seguramente piensan todos cuando la conocen: “¿Cómo, pues?”

La explicación es bien interesante, pues en realidad nació en Oaxaca de chiripa. Su papá (y toda su familia) es de Chihuahua (“Hmmm, con razón…”, piensa uno). Su mamá nació en Pachuca, Hidalgo, pero sus seis hermanos nacieron en diferentes partes de México: en el Distrito Federal, en Tijuana, en Los Cabos. Su papá era maestro y le ofrecieron una plaza en Oaxaca; por eso nació Magda ahí, aunque realmente vivían en Puebla. Sin embargo, esa “ciudadanía poblana” no duró mucho, pues a los seis años se vino a radicar definitivamente a Ensenada. Lo curioso es que con todo este camino andado, hoy tiene que admitir que aún cuando conoce buena parte de México, nunca ha estado en Oaxaca y en Puebla sólo estuvo sus primeros años.

Ya en Ensenada estudió la primaria, la secundaria (en la Migoni) y la prepa. De hecho, ella fue parte de la última generación del CECYT 201, que cambió el año siguiente a CBTIS 41. También fue parte de la primera generación de técnicos en Contabilidad que se abrió en ese plantel en el turno vespertino. En esa época, la mayoría de las especialidades tenían una orientación “masculina” y, además, para alumnos que trabajaban. Había pocas mujeres, y Magda recuerda que se iba de “raite” junto con tres amigas.

¡Ahhh... los números!

Antes de terminar la prepa comenzó sus prácticas profesionales en las mañanas en el despacho del contador Arturo Anguiano. “Cuando terminé las prácticas, me ofreció trabajo y acepté. Trabajé con él tres años y aprendí mucho de contabilidad y de impuestos. Parte del trabajo era recorrer todas las dependencias de Ensenada: Hacienda, Recaudación del Rentas del Estado, del Municipio, los bancos y conocí mucha gente. Me relacioné porque siempre están identificando quién viene, de qué despacho y qué hacemos. Ahí empiezas a conocer gente. Ese fue mi primer trabajo y yo tenía como 16 años; en verdad empecé a trabajar muy chica”.

A partir de ahí, los números, como ella dice, la han estado siguiendo en cada uno de sus trabajos. Y vaya que han sido varios: con Lalo Corona, el dueño del hotel Corona y del Baja Tenis Club, quien tenía además centros comerciales y licorerías y se dedica mucho a desarrollo. “Con él estuve tres años trabajando cuestiones de contabilidad. Entré como auxiliar contable en su oficina. Con el transcurso del tiempo, por una incapacidad, por una renuncia, una jubilación o por lo que tú quieras, me quedé a cargo de la oficina. Llevaba incluso sus cuentas y finanzas personales”.

Después se fue un año a la Cámara de Comercio, a la oficina de contabilidad. “Me tocó llegar a poner controles, porque no había manejo de los ingresos contra bancos y cosas de ese tipo. Por cuestiones personales, renuncié y entré a trabajar con el contador Juan Rudametkin, a otro despacho de contabilidad”.

Magda considera que nunca ha tenido dificultad para conseguir trabajo, y que tu mismo currículo te va llevando de uno a otro. “Hay momentos en que dices ‘ya no quiero estar con los números’, pero sale por ahí una oportunidad, y es lo que sabes hacer y, a final de cuentas, es lo que te gusta, por lo que terminas haciéndolo”.

¿Y las clases? Bien, gracias...

En ese momento le pregunto si no consideró entrar a la universidad, pues la carrera de Contabilidad ya se impartía en Ensenada. Su respuesta es curiosa: “En esa época solicité entrar a la universidad; fui, presenté y aprobé el examen, me inscribí… ¡y me olvidé por completo de la escuela de contabilidad! Me dijeron que volviera en agosto, cuando empezaban las clases, ¡y jamás regresé! Y si me preguntas ahorita: ‘¿porqué no fuiste?’, no sabría qué contestar. ¿Sabes cuándo me acordé? Cuándo me llegó una boleta de calificaciones que decía ‘Introducción al derecho’, cero; ‘Matemáticas I’, cero. ¡Nunca me presenté a clases y estaba reprobada en todo! ¡No fui ni siquiera a darme de baja! Probablemente estaba muy ocupada ganando dinero o trabajando (je, je), pero no sé. Trato de recordar ahora que me invitaste a esta entrevista, y no lo sé”.

Un día, a una de sus hermanas la operaron en el Hospital Las Américas (hoy Velmar), y a Magda le gustaron las instalaciones: todo el piso era de mármol, con un acuario enorme en la entrada, muy diferente al concepto que teníamos de un hospital en Ensenada. Entonces le dijo a su hermana: “Me gusta mucho aquí, yo quiero trabajar en este hospital”. Dicho y hecho. En ese momento bajó y preguntó. Al día siguiente entregó su currículum y a los tres días le llamaron para que comenzara como auxiliar contable en el área de recursos humanos.

Por la manera en que habla, es evidente que su trabajo en el hospital Las Américas constituye una etapa importante en su vida. Su mentor fue don Carlos Macedo, quien por muchos años había sido director del ISSSTE en Mexicali. A los tres meses don Carlos renunció a causa de la enfermedad de su esposa, y entonces Magda “heredó” su lugar en la jefatura de Recursos Humanos. Por la confianza que depositó en ella, Magda asumió el cargo con un gran compromiso.

“Era mucho trabajo, pues un hospital trabaja 24 horas al día, los 365 días del año, y hay incidencias, eventualidades, suplencias, días festivos, que tienen un tratamiento diferente, y jornadas acumuladas, que también son diferentes. No son como los horarios a los que estamos acostumbrados; son cuatro tipos de horarios, y todo es interesante. Estuve trabajando casi tres años como jefe de personal. En ese tiempo, don Fernando Ariza, el dueño del hospital, estaba muy enfermo y murió, pero murió intestado. No tenía hijos, pero sí cinco sobrinos, entonces ¡imagínate el problemón que se vino encima! Además, con los años de estar manteniendo el hospital habíamos logrado, por medio de publicidad, de promoción, de acercarse a la gente y dar a conocer el hospital, que fuera subiendo la demanda, pues siempre había la idea de que era muy caro. Así, de tener cuatro pacientes diarios en promedio (el hospital tenía 220 trabajadores) ya teníamos 22 o 25, y eso volvía más eficientes los recursos que ingresaban.

“Cuando murió don Fernando y se viene el problema de los cinco sobrinos peleando la herencia, se había empezado a trabajar en un contrato de compra venta a un grupo norteamericano, GroupMed International de México, y ya estaban aquí viendo de qué se trataba. No sé de qué manera se manejó ese contrato, pero ellos tenían derecho a estar un año trabajando en el hospital para ver si era redituable y decidir entonces su compra definitiva. Un año se vinieron a trabajar los americanos; cambiaron toda nuestra estructura y formaron subdirecciones. Entonces me nombraron subdirectora de Recursos Humanos y mis actividades fueron de otro tipo, más estratégicas: elaborar procedimientos, haciendo planes de capacitación. Realizábamos reuniones de trabajo informativas; ellos querían saber cómo estábamos trabajando y plantearnos cuáles eran sus objetivos. Así estuvimos, pero desgraciadamente el hospital se fue llenando de pasivos hasta que empezaron las amenazas de embargos del Seguro Social y de Hacienda. Fue cuando intervino el sindicato y estalló la huelga para asegurar que los bienes del hospital no fueran embargados y los trabajadores se quedaran sin algo que les garantizara indemnizaciones o trabajo. El hospital cerró por un año y como no querían que me fuera a otro lugar, pues estaba la esperanza de que el hospital reabriera y regresáramos a trabajar, me estuvieron pagando mi sueldo, hasta que finalmente decidí renunciar”.

Nueva etapa: el CICESE

Entonces Magda preparó nuevamente su currículum, “pero tú sabes; había estado casi cinco años con cierto nivel y también con ciertos ingresos, y ya no cualquier trabajo me llenaba; necesitaba más. Empecé a buscar trabajo y vi que mi currículum estaba muy cotizado, porque en todo ese tiempo, como no tenía una carrera universitaria, me había estado capacitado (cursos, talleres, seminarios), todo lo que me ofrecían lo tomaba para suprimir el no tener la licenciatura. Me comenzaron a llamar y tenía hasta varias entrevistas por día, pero cuando acudía me ofrecían trabajo de auxiliar o de encargado y eso no era lo que estaba buscando. Me decían que tenía toda la práctica y los conocimientos, pero no tenía la carrera. El perfil exigía a alguien que tuviera la carrera universitaria. Fue entonces cuando me di cuenta de que para alcanzar lo que en verdad quería, debía seguir estudiando. Por eso volví a solicitar mi ingreso a la universidad, pero esta vez para Administración de Empresas, pues ya estaba cansada de hacer números. Pero como no me podía quedar sin trabajar, pensé: ‘¿dónde puedo trabajar y tener un horario que me permita también estudiar, y si tiene vacaciones, ¡mejor…!’ Hice una listita: Comisión Federal de Electricidad, Telnor, CICESE… ¡ahhh, porque no podía ser cualquier sitio! Buscaba un lugar donde me pudiera proyectar y seguir creciendo. Pensaba: una vez que conozcan cómo trabajo, me van a promover de inmediato, decía yo toda pagada de mí misma... Por eso vine al CICESE”.

–¿Conocías el centro?

Como la mayoría de la gente pensaba que era como en la CFE: que es muy difícil entrar, que si no conoces a alguien no entras, que tienes que tener familiares; así es como se piensa generalmente. Yo tengo familiares que trabajan en la CFE, por eso estaba en mi lista de posibles trabajos. Me llamaron de estos tres lugares; del CICESE me llamó Pilar Ensaldo y me ofreció trabajo como secretaria; al mismo tiempo me hablaron de la CFE, pero allá era del sindicato y las condiciones que me estaban ofreciendo no me interesaban. Por eso me decidí por el CICESE. Además, si no es por Abigail del Toro, no entro. Pensaban que mi currículum estaba muy por encima de lo que se requería para el puesto de secretaria. Pero era lo que a mí me interesaba en ese momento; sólo quería un trabajo que me permitiera estudiar. Recuerdo que Abigail me dijo: “este trabajo es ideal para las mamás por la flexibilidad del horario”. Y yo pensé: “quiero seguir estudiando”. Y así fue como entré al CICESE. Después me dijo que uno de los argumentos que se manejaron es que se supone que aquí siempre buscan gente que tenga mucha capacidad; entonces ¿por qué no me daban una oportunidad a mí?

Entré el 11 de mayo de 1998, el mismo año en que entré a la universidad. Ingresé directamente al Departamento de Ecología, y ahí me quedé todos estos años. Al principio tenía intención de moverme, pues quería actividades que estuviera enfocadas a la carrera. Pero me sentí bien en Ecología; conocí gente muy interesante, gente de muchas nacionalidades, excelentes compañeros, grandes amigos. Primero entré como asistente de investigador y trabajé creo que con todos los investigadores de Ecología y de lo que ahora es el Departamento de Oceanografía Biológica. Después apoyé al coordinador del posgrado, que en ese tiempo era Jorge Rosales, y posteriormente a Lucila Lares.

- ¿Cómo asimilaste el cambio de actividades cuando entraste a trabajar al CICESE? Además, ya en 1998, el CICESE era una institución grande, ¿no?

Algo bien importante fue que mi objetivo era la universidad. Si no hubiera tenido eso en mente, quizá hubiera necesitado algo más, porque tenía la capacidad. Incluso alguna vez Socorro Lomelí (entonces subdirectora de Recursos Humanos) me dijo que ella había apostado a que no me iba a acostumbrar al trabajo aquí, por el antecedente que traía. Me acuerdo que le contesté que a lo único que no me acostumbraba ¡era al sueldo!

Después de eso, cuando Helmut Maske era el jefe del departamento, por una necesidad me pidió que lo ayudara en la jefatura y empezamos a trabajar juntos. Después me quedé trabajando en la jefatura. Eso debió haber sido en 2001. Después trabajé con Oscar Sosa y posteriormente con Jorge Rosales.

El cambio a administración

–¿Cómo se da finalmente el cambio para trabajar ahora en la parte administrativa?

Antes de terminar la carrera, solicité mi cambio porque en Ecología realmente no podía aplicar lo que estaba estudiando, y tú sabes que una cosa debe de ir con la otra. Por eso estaba buscando la manera de cambiarme a administración; no importaba la categoría, sino que me comenzara a involucrar con las cuestiones administrativas del CICESE. Se lo pedí a todo mundo: a quienes estaban en Recursos Humanos, a los que estaban de administradores, y siempre había la promesa de que me iban a apoyar cuando hubiera una oportunidad, pero siento que cuando estás en las áreas académicas no eres muy visto. Aquí la gente muy fácilmente se olvida que allá, en las áreas académicas, tienes gente que te puede apoyar, que puedes aprovechar. Y eso sucede porque no las están viendo o porque no tienen contacto con ellas. En cuatro o cinco ocasiones participé en convocatorias para diferentes puestos que se dieron en el área administrativa. Siempre participamos dos o tres personas de aquí, del CICESE, y finalmente el puesto se lo daban a alguien externo. No había la oportunidad de que nos quedáramos los que ya estábamos aquí. Y eso me generaba un cierto sentimiento de frustración. Piensas “¿por qué, si no hay mucha diferencia entre la gente que está entrando (sin dudar de su capacidad) y quienes estamos aquí, no nos dan la oportunidad, si además ya conocemos la institución? Siempre me ha parecido absurdo el mito que de que la gente aquí ya está viciada. “Hay que traer gente de fuera porque están ‘limpios’ y los podemos moldear”. No simpatizo con esa idea. Creo que la gente que ya está aquí, que conoce lo que es el CICESE, es la gente a la que le puedes sacar provecho. Lejos de este edificio administrativo, donde se toman estas decisiones, es mucho más difícil; por más que levantes la mano como que no te ven. Ah, porque en todo este tiempo he estado participando en todo lo que se ha podido, hasta en el club de ciclismo de montaña, para que me vean (je, je).

–¿Entonces cuándo fue que empezaste a trabajar en administración?

Hubo dos convocatorias para puestos técnicos. La primera la cubrió Lupita Martínez, como técnico administrativo en el área de finanzas. Y la segunda convocatoria la gané yo. Y debo reconocer que el sindicato tuvo mucho que ver para que me pudiera quedar con ese lugar. Aunque está la nueva comisión de contratación, evaluación y seguimiento para vigilar todas las asignaciones de las vacantes, no fueron fáciles las negociaciones, pues aún no hay mucha transparencia en el proceso. En febrero de este año, comencé a trabajar con Sergio Flores Juárez (Departamento de Análisis e Información Financiera), aprendiendo a hacer análisis; como hay unos cambios en el área de finanzas, pasé entonces a Contabilidad, ¡y vuelvo a los números y a los registros contables! Es interesante porque toda la información del centro, cualquier trámite que tiene que ver con cuestiones de dinero, termina en Contabilidad. La cantidad de trabajo que hay aquí es impresionante, pero el equipo de trabajo es muy bueno.

Ya comenté que Magda Chávez es una mujer participativa. Colaboró por casi dos años en la formulación del sistema de evaluación del desempeño. Confiesa en medio de risas: cada vez que me invitan a participar en algo, pienso: “tengo que hacer esto y esto y esto…”, ¡pero termino diciendo que sí! Así terminé como secretaria de finanzas del sindicato, pues me invitaron y dije “¡qué tengo que perder!” Además, me gustan los números, pero nunca pensé que iba a terminar involucrada en reuniones con los directivos, y en el contrato colectivo, o en situaciones específicas de los trabajadores en cuestiones laborales. Yo pensé “voy a hacer números, ponerles un control en bancos, en ver que se estén registrando los ingresos, en que se estén manejando bien los gastos del sindicato; total, también son mis cuotas”. Y de repente me salen con que tenemos reunión con el director general porque eres parte del comité ejecutivo. Cuando dije que sí, ni siquiera me di cuenta de a qué había dicho que sí.

–El año que entra cumples 10 años de trabajar en el CICESE. ¿Cómo ves el cambio de la institución en este tiempo?

Hay mucha gente nueva. Pedí un permiso por ocho meses y, cuando regresé, lo primero que noté fue mucha gente nueva en puestos directivos y de mandos medios (y como siempre, gente externa). Otro aspecto es la intervención del sindicato, que tiene ahora más presencia en las decisiones laborales que se toman. Además, el CICESE sigue creciendo en edificios, en infraestructura, en reconocimientos. Si de repente buscas información en Internet o en los periódicos, siempre hay una nota en referencia a un investigador o a un estudiante o al reconocimiento de una tesis o cosas de ese tipo. Se ha trabajado mucho tiempo en lograr que la comunidad entienda cuál es el sentido del CICESE, y sí hay un cambio en esto. Sin embargo, considero que se requieren muchos otros: estructurales, normativos, sociales, de aplicación de recursos. Tal parece que estamos tratando de barrer una escalera hacia arriba y tú sabes que esto nunca será eficiente. Las escaleras se barren de arriba hacia abajo; así en el CICESE, los cambios, para que sean significativos, deben venir desde arriba.

Magda, vista por Magda

- ¿Cómo te defines como persona, como ser humano?

Mmm… incansable, a lo mejor. Actualmente estoy estudiando una maestría en administración de empresas, enfocada a finanzas. Me gusta involucrarme mucho. No me puedo mantener en un área sin tratar de involucrarme y de participar. Por ejemplo, en la maestría tengo proyectos relacionados con el CICESE. En uno de ellos me están apoyando en Recursos Humanos. Se trata de un análisis de todos sus procesos de contratación de personal. De ahí están saliendo cosas muy interesantes, desde la selección, la contratación, la inducción que casi no existe en el CICESE, el proceso de socialización, que tampoco lo hay. Ese proyecto lo debo tener concluido en tres semanas, y espero que algunas observaciones les sirvan de base para implementar mejoras. El otro proyecto, que es del área académica, es un análisis relacionado con los estudiantes graduados y la productividad de los investigadores. Y el tercero es más pequeño y personal; la firma de un convenio de colaboración académica entre el CETYS y el CICESE, porque, desafortunadamente, cuando se firmó del contrato colectivo de trabajo, no tomamos en cuenta a los trabajadores que están estudiando algo diferente a la licenciatura; no hay apoyos ni becas para esos estudiantes. Por eso estoy platicando con el CETYS para ver la posibilidad de que se firme un convenio y traer la propuesta al CICESE. Hay un convenio con la UABC, pero debemos tener más alternativas, para no hacer que los estudiantes (trabajadores del centro) vayan a un solo lugar.

–¿Cuáles son tus aficiones, tus gustos?

El deporte, leer, estudiar, bailar…

–¿En ese orden?

No, para nada. El orden de los factores no altera el producto. Todos me gustan.

–¿En dónde ves tus aportaciones al CICESE en estos 10 años?

Soy de las personas que siempre se han involucrado en procesos diversos, como el sistema de evaluación al desempeño, que se hizo desde 2002 y no se le ha hecho ninguna revisión o actualización, o el reglamento interior del personal administrativo, el cual empezamos a trabajar y por cuestiones ajenas a los que estábamos participando, no se continuó. Y eso pasa porque no nos queremos involucrar mucho en ello: queremos que alguien más lo haga por nosotros, que nos lo den ya resuelto y después, cuando ya se resolvió, queremos opinar. Otra de mis aportaciones fue el tiempo que estuve participando en el sindicato. Ahora están invitándome nuevamente para que participe en la comisión de capacitación y desarrollo profesional (creo que así se llama); pero con la maestría y otras ocupaciones que tengo no hay mucha oportunidad de participar. Por eso está como detenido; sí quiero hacerlo, pero estoy buscando el lugarcito para que encaje bien con mis otras actividades.


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