Por Norma Herrera
Luis Munguía Orozco nació el 21 de junio de 1947, en Villa Victoria, Estado de México, muy cerca de Toluca; sin embargo, en la Ciudad de México vivió su infancia y cursó sus estudios hasta la licenciatura en física y matemáticas, con especialidad en física, en la Escuela Superior de Física y Matemáticas del Instituto Politécnico Nacional.
Miembro de una familia numerosa: ocho hermanos en total, Luis fue el único “desbalagado” por el camino de la ciencia. En 1972 llegó a Ensenada, a ser parte de la primera generación de estudiantes del CICESE. Llegó con Chilo –Cecilio Rebollar (qepd)–, su inseparable amigo desde los tiempos de la profesional y de varios equipos de futbol. Terminada la licenciatura, y por influencia de un profesor que les platicaba mucho de geofísica, los amigos acordaron cursar una maestría en geofísica.
Chilo comenzó por pedir informes en el Instituto de Geofísica de la UNAM, donde por coincidencia conoció al primer director del CICESE, el Dr. Nicolás Grijalva, quien aprovechó la oportunidad para invitarlos a estudiar un posgrado con una beca ofrecida por la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES). “El Dr. Grijalva, quien estaba encandilando gente para traerla a Ensenada, al naciente CICESE, le propuso a Chilo cursar una maestría en Oceanografía Física con beca de la ANUIES. Sólo debíamos entregarle nuestros papeles, él se encargaría del resto. Eso hicimos y obtuvimos una buena beca (entonces, la beca del CONACYT era de alrededor de 2,000 pesos mensuales; la de ANUIES, de 3,500 pesos), aunque después tardó mucho en llegar y tuvimos que vivir de préstamos del CICESE”.
Entonces, recuerda Luis Munguía, investigador del Departamento de Sismología del CICESE, Ensenada no figuraba en el mapa y los amigos les remarcaban la doble locura: ir a un lugar inexistente en el mapa y a una institución en formación, pero “estaba escrito que viniéramos a Ensenada. Llegamos en septiembre de 1972, en autobús. El primer shock fue en Tijuana: todo era en inglés y los precios en dólares. Al llegar a Ensenada, Chilo y yo consideramos importante ir a conocer la institución de inmediato. Con maletas en mano, caminamos de la central de autobuses (Gastélum, entre Quinta y Sexta) a las instalaciones del CICESE que entonces se reducían a cuatro locales rentados en la esquina de las calles Gastélum y Novena. Llegamos a la dirección indicada y nos dijimos: «Aquí, no hay nada». De momento nos desanimó, pero ya estábamos aquí, sabíamos que el CICESE estaba empezando; afortunadamente le apostamos”.
Las clases comenzaban el 7 de septiembre de 1972. “Era un lunes, llegamos y apenas estaban poniendo los mesa bancos y colgando el pizarrón, éramos alrededor de 10 estudiantes del D. F. y un número similar de estudiantes de la UABC. Todos comenzamos con muchas ganas a tomar los primeros cursos, la mayoría impartidos por profesores de la UNAM que podían venir por tiempos cortos a Ensenada. Tomé cursos de oceanografía, análisis numérico, meteorología, ondas elásticas, etcétera, porque las clases eran de quien estaba disponible para venir al CICESE. Pero teníamos muchas ganas y había buen ambiente, buena camaradería de todos”.
Pero los recién llegados no sólo tomaban cursos de maestría. “Al poco tiempo, nos contrataron para dar clases en la entonces Escuela Superior [hoy facultad] de Ciencias Marinas. Batallábamos porque no todos teníamos carro, la escuela ya ocupaba su actual sede, al fondo del campus universitario, junto a la playa. Llegábamos a la escuela en las burras, cruzábamos el puente y atravesábamos todo el terrenal hasta llegar a la escuela. Terminaban las clases y a esperar el camión de regreso, o un raite cuando las clases terminaban muy tarde y ya no pasaba el camión”, recuerda Luis Munguía, hoy investigador nivel dos en el Sistema Nacional de Investigadores.
Estudiante pero no graduado del CICESE
Luis Munguía realizó todos los cursos de maestría en el CICESE, terminó la tesis, publicó un artículo con sus resultados, pero por una u otra razón su tesis no terminó de revisarse “y ya tenía que irme a la Universidad de California en San Diego (UCSD) donde ya me habían aceptado para otra maestría, con posibilidades de quedarme al doctorado, que era lo que yo quería. Al año de estar en UCSD, un panel de cinco profesores me examinó a conciencia y me dijeron: estás listo para el doctorado y te vamos a dar la maestría. Fue satisfactorio, pero ese año trabajé como negro porque mi inglés nunca ha sido bueno, ya tenía a mis tres hijos, mi esposa no manejaba… En las noches me iba a la biblioteca o al centro de idiomas, a escuchar conversaciones en inglés con mis audífonos. Afortunadamente todo salió bien”.
Entre 1976 y 1977, el Dr. Saúl Álvarez, entonces director del CICESE, pedía a Luis Munguía que regresara a Ensenada a graduarse: “pero estaba en cursos, próximo a presentar un examen de conocimientos para acreditar la maestría en Scripps, atender una familia… estaba difícil, no pude regresar y así Chilo fue el primero en graduarse”. Luis nunca se graduó por el CICESE.
En La Jolla, California, entre ricos y estudiantes, Luis vivió siete años: “Fue una época muy bonita, mis hijos estaban pequeños y como esponjitas absorbieron el inglés, todos lo aprendieron mejor que yo”, recuerda con humor. En diciembre de 1982, Luis Munguía Orozco defendió su tesis y obtuvo el título de doctor en filosofía en Ciencias de la Tierra por el Instituto de Oceanografía Scripps de la UCSD.
Aquel año fue de crisis económica en el país, por ello el CICESE no pudo contratarlo y Luis se quedó en La Jolla, en un postdoctorado, hasta agosto de 1983. Entonces, regresó al centro en expansión, el otrora Departamento de Geofísica ya se había convertido en la División de Ciencias de la Tierra con dos departamentos: Geofísica Aplicada y Sismología. Recién desempacado, nuestro entrevistado asumió el cargo de jefe del Departamento de Sismología, con mucho trabajo administrativo, pues entonces el posgrado ingresó al padrón nacional de posgrados del CONACYT y hasta la fecha se ha conservado.
Después de ocho años de jefatura (1983-1991), Luis desarrolló proyectos con la Comisión Federal de Electricidad (CFE), y de 1997 a 2001 regresó a la administración como director de la División de Ciencias de la Tierra. Aunque considera que estos cargos sí detuvieron un poco sus actividades académicas, “debería ser SNI III y apenas soy II” está contento con lo realizado: “Yo trato de tener una vida balanceada. Me gusta trabajar, divertirme, hacer de todo un poco. Como jefe y director, tuve estudiantes y proyectos de vinculación. He graduado tres doctores y cuatro maestros en ciencias, he publicado suficiente para estar en el SNI, he sido responsable de la operación de la Red Sismológica del Noroeste de México (RESNOM), siempre he sido el responsable de la Red de Acelerógrafos del Noroeste de México (RANM), hemos sido pioneros en estudios sísmicos en La Paz, BCS, que fue como la primera piedrita para lo que es hoy CICESE La Paz. De esa diversidad de actividades, algunas dan puntitos, otras no, pero por todas siento una gran satisfacción”.
Sismología de movimientos fuertes
La principal línea de investigación del Dr. Luis Munguía Orozco es la sismología de movimientos fuertes. Su especialidad es analizar datos sísmicos registrados casi arriba de la fuente sísmica, en la vecindad inmediata del epicentro, con unos aparatos llamados acelerógrafos los cuales están diseñados para registrar movimientos muy intensos.
“Cuando sucede un temblor las estaciones de RESNOM registran los movimientos, se localizan los epicentros y se determina la magnitud; la información llega por telemetría al laboratorio de RESNOM en el CICESE. Si el sismo fue muy fuerte, inmediatamente hay que ir al campo, para extraer la información de los acelerógrafos, cuyo registro complementa la información de RESNOM, la hace más precisa, y permite hacer todo tipo de estudios. Ambas redes, RESNOM y RANM son muy importantes, se complementan bien por tener propósitos ligeramente diferentes”, explica el investigador que recientemente acaparó cámaras, micrófonos y reflectores –junto con otros colegas– por la ocurrencia del enjambre sísmico registrado en el Valle de Mexicali, entre el 12 y el 25 de febrero de 2008.
Respecto a esa experiencia que lo mantuvo muy ocupado analizando información y atendiendo a periodistas de radio, prensa y televisión regionales y nacionales, Luis comenta: “Siempre me queda la impresión de que cuando ocurre un evento de este tipo, las autoridades se muestran muy cooperativas, muestran disposición por apoyar las investigaciones, pero a medida que transcurre el tiempo va decayendo el interés. Hasta el presente, nunca he tenido apoyo de las autoridades estatales o municipales para investigación o fortalecimiento de las redes. De los empresarios, de acuerdo con lo que ha comentado Luis Mendoza Garcilazo, hay disposición por comprar acelerómetros, los cuales se instalarán en la ciudad de Mexicali para instrumentar edificios y estudiar los diversos tipos de suelo que hay en la capital de Baja California. Es un apoyo importante, qué bueno que se dé; si se cristaliza, será muy bueno para integrar una red urbana de acelerómetros que
servirá para estudios de ingeniería sísmica”.
Investigaciones y planes
Actualmente, nuestro entrevistado está terminando el estudio de un sismo principal y sus respectivas réplicas, que se registraron en mayo de 2006, en la misma zona donde este febrero de 2008 sucedió un enjambre sísmico. El evento de 2006 causó daños en el campo geotérmico de Cerro Prieto. “El acelerómetro más cercano al plano de falla indicó que hubo un desplazamiento permanente del terreno de aproximadamente 15 cm. Si imaginamos dos bloques: uno hacia el sureste y otro hacia el noreste, podemos decir que este último cayó verticalmente 15 cm aproximadamente. Ello ocasionó daños importantes a la planta geotérmica, ya que una torre de enfriamiento tuvo que ser demolida y reconstruida. Nuestros datos comprobaron que dicha torre fue dañada por un sismo, por lo que fueron muy importantes en el trámite del pago del seguro de daños”.
–¿Para ello los contrató la CFE?
–No. Nosotros sólo proporcionamos datos que les sirvieron para el seguro. No es fácil conseguir apoyos de la CFE, más bien hacemos estudios bajo contrato para estudiar la sismicidad en alguna región en particular. En el pasado, estudiamos la sismicidad del campo geotérmico de Tres Vírgenes: llevamos una red sísmica, registramos los movimientos por un periodo determinado, analizamos la información y generamos informes técnicos. Nuestros resultados se integran a resultados de otros estudios, tales como estudios geoquímicos, geológicos, de métodos eléctricos, magnetotelúricos, etcétera. Todo ello para determinar si hay un yacimiento productivo y hasta dónde hay que perforar para encontrar el vapor. En la búsqueda de energía, coadyuvamos a la solución del problema.
Entrevistado en su cubículo, en el primer piso del edificio de Ciencias de la Tierra, Luis Munguía nos comenta sobre dos trabajos que está próximo a presentar en la Reunión Anual de la Sociedad Sismológica de América, que se efectuará en Santa Fe, Nuevo México. El primer estudio se refiere a los sismos de mayo de 2006 y el otro es resultado de una tesis de maestría basada en los datos de aceleración: “Hicimos un análisis estadístico para encontrar modelos que permitan pronosticar cuáles serían las aceleraciones máximas registradas a una cierta distancia del epicentro de un sismo de una magnitud dada". El doctor Luis Munguía dirigió la tesis de Yleana Martínez Mirón, quien se graduó en marzo de 2007 y actualmente trabaja en Puebla.
Años atrás, entre 1995 y 2003, Luis Munguía Orozco desarrolló en La Paz, en colaboración con John Fletcher, un proyecto de grupo, apoyado por el CONACYT con casi 4 millones de pesos para adquirir equipo sismológico y monitorear la sismicidad de la región que va desde el norte de La Paz hasta Los Cabos. “Se instaló la red y al término del estudio quedaron allá cinco estaciones. Los técnicos que tuve asignados, Sergio Mayer y Alfredo Aguirre, en colaboración con el Dr. Roberto Ortega, se hacen cargo actualmente de la red. Ellos son quienes responden a llamadas de autoridades y población cuando ocurre un sismo en aquella región".
Fuera de CICESE
Desde su cubículo, Luis Munguía Orozco tiene la oportunidad de ver la panorámica de la bahía de Ensenada. Es una vista que disfruta, lo mismo que su estancia en este puerto al que llegó en 1972, por dos años, que han ido de más en más hasta sumar 35. En Ensenada conoció a su hoy esposa, originaria de Sinaloa, con quien tuvo tres hijos: una mujer, profesionista en la administración de empresas, y dos varones: uno dedicado a las ciencias computacionales y otro trabajando en Idaho, Estados Unidos.
Testigo por 35 años del desarrollo del CICESE, Luis Munguía Orozco recuerda el “tiempo de las vacas gordas en el Centro. Cuando venían autoridades del CONACYT u otra institución, el director nos invitaba a todos a las mariscadas, éramos pocos, pero el centro fue creciendo. Ahora hay tanta gente que es difícil conocer a todos. Creo que el CICESE ya no debería contratar más investigadores. Actualmente ya no debemos preocuparnos por ser muchos sino por ser mejores, hay que ponderar la calidad sobre la cantidad.
“Desde que fui director de la división, esa fue mi sugerencia: limitar contrataciones o, si se contrata a alguien, que sea muy bueno, porque año con año el personal crece y el presupuesto sigue igual; y cada vez se nos asignan menos recursos para investigación. Deberíamos identificar las áreas en las cuales podemos hacernos fuertes. En el CICESE hace falta un diagnóstico, que sea continuo, para saber cómo estamos, a dónde vamos y qué es necesario hacer para alcanzar mejores resultados.
“También debiera pensarse en proyectos de investigación grandes, pero el recurso está fragmentado y eso es difícil porque, por los incentivos, cada quien se preocupa por hacer lo propio. El mismo SNI lo fomenta: no califica calidad sino cantidad. Tal vez si se pidieran resultados a plazos mayores, por ejemplo a cinco años, pudieran desarrollarse proyectos con objetivos de mayor alcance. Las revisiones de cada año nos tienen trabajando en la inmediatez. Esto es un problema institucional y del sistema, es un problema nacional”, considera Luis Munguía, responsable de la Red de Acelerógrafos del Noroeste de México (RANM), desde 1984, cuando CICESE asumió la responsabilidad de esa red que inicialmente fue instalada y operada por personal de California y la UNAM.
En cuanto a planes futuros, nuestro entrevistado, abuelo de tres nietas –una de cada uno de sus hijos– afirma que seguirá trabajando “hasta que me corran o el cuerpo aguante. He estado muy a gusto en el CICESE, creo que he dado mucho a la institución y ésta me ha dado mucho a mí; estoy muy satisfecho”, dice Luis Munguía Orozco, el investigador de Sismología, que fuera de CICESE disfruta del trabajo en casa: pintar, arreglar goteras, podar. “Es mi terapia, yo hago las labores fuera de casa, y mi mujer las de adentro”.
En sus ratos libres, Luis Munguía disfruta ir al cine, caminar, viajar –una o dos veces por año–, jugar frontenis con los colegas, cantar con los amigos, disfrutar de la bohemia; de todo un poco. “No me gusta encajonarme, sino abrirme a distintas opciones”, concluye nuestro entrevistado a quien enoja la ineficiencia, la informalidad, la necedad y la incongruencia: “Me molesta que no se respete lo que se habla”.